EL DIABLO


Le llamaban el diablo
y para mí era un imán.
Vestido de mil hombres.
Siempre con la sonrisa encantadora.
Siempre con la coquetería sutil.
Siempre con la justa atención,
para volverme dócil y dispuesta.
Caminando al borde del peligro,
con una mano tendida para tomar la mía,
solo para asegurase que fuera justo detrás suyo.

Yo no era la única.
Era apenas una más
rendida ante tanta belleza,
embelesada con su amplia sonrisa.

Le llamaban el diablo.
Pero para mí era un ángel…
que me devolvía a la vida,
cuando se dejaba amar.

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